Carisma

La Espiritualidad o el Carisma del Movimiento, es decir, el modo de situarnos ante la vida es:

 

  • Cristocéntrica
  • Mariana
  • Eclesial
  • Teresiana

 

En el marco de la Evangelización, la propuesta teresiana de Enrique de Ossó aspira a conseguir una persona y una comunidad marcadas por la solidaridad-fraternidad, que nace de la experiencia profunda de Dios al estilo de Teresa de Jesús.

 

El rasgo más peculiar de nuestro carisma está en el esfuerzo por hacer realidad el humanismo de la comunión que ofrece a la persona el rostro del Dios-Amor. Este carisma lo configuran, fundamentalmente, tres aspectos recogidos en el Plan de Formación para Comunidades:

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INTERIORIDAD

 

"Conocer y amar a Jesús..."

 

La oración es el camino más eficaz para conocer a Jesús, por ello necesitamos espacios de silencio para la oración individual y grupal. Jesús es el centro de nuestra oración y ésta nos permite entrar en nuestra interioridad y avanzar en el propio conocimiento.

La interioridad supone mirar a Jesús que se nos revela en la Palabra, mirar al otro, mirar la vida... y extraer el significado más profundo.

 

COMUNIDAD

 

No recorremos solos nuestro camino, sino en una comunidad; compartiendo mucho de lo que somos, hacemos y tenemos. La comunidad constituye un espacio en el que se contrasta la vida según el Evangelio, de formación y de compromiso. Compartimos lo cotidiano, la Fe, los bienes... en definitiva, la VIDA. Por ello, nuestras comunidades tienen espacio de oración, revisión, formación y convivencia. Asimismo, la comunidad es un espacio donde se comparten los Proyectos individuales y donde se elabora el Proyecto Comunitario según necesidades y deseos.

 

Por último, las comunidades están asesoradas, acompañadas y guiadas por la Asesora, una religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.

SOLIDARIDAD

 

"Hacerlo conocer y amar..."

 

La oración nos lleva a la solidaridad porque ésta es la forma profunda de vivir la relación entre personas, pueblos y continentes. En Jesús, también nosotros somos enviados a anunciar el Evangelio, la Buena Noticia, a nuestros hermanos. Y somos enviados a hacerlo como Jesús: AMANDO. Amando en un mundo que es injusto, desigual y materialista pero que pretende ser solidario y busca lo trascendente.

 

 

 

 

El apostolado es la forma como cada uno de los miembros vive el ser cristiano en su propio ambiente: en las estructuras familiares, profesionales, sociales y políticas; en servicios al propio Movimiento: desde lugares de responsabilidad, servicio a la catequesis y comunidades, siendo monitor de tiempo libre; al servicio en las realidades necesitadas ya sean del llamado primer mundo que se descristianiza por el materialismo e individualismo, el Tercero o Cuarto mundo (esa pobreza que genera la riqueza del Primer mundo); y/o al servicio de la Iglesia Diocesana que es la participación de miembros del MTA en las Parroquias y/o Diócesis.

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