A Carlos, el “capdavanter”

Escribo estas letras el 16-8-05 después de visitar a Carlos, en una tarde que me he quedado solo en casa. Me envuelve un gran silencio apenas roto por el canto de un grillo, lejano, indiferente al gran silencio que llevo dentro; “en el hondón del alma” que dice nuestro amigo Ricardo Mª. Indiferente pues a mi silencio.

Muchas veces había oído o leído que alguien había muerto “tras larga y penosa enfermedad” , pero nunca tuve cabal idea de lo que escondían estas palabras. Ha sido necesario que nuestro amigo Carlos la sufriera y en todo su rigor para darme cuenta. Por el hecho de ser médico y, buen médico, no se le podía engañar, pues conocía su enfermedad, sus síntomas, sus progresos (ahora pasará esto, después aquello, después...y finalmente....)

Un día lo visité en el hospital y a ras de oído, flojito, supongo que para que no le oyeran ni su compañero de habitación, en Jordi, ni los familiares que estaban por allá, me dijo “ Tinc por Jaume, tinc molta por”. No sé exactamente que le contesté pero cogiéndole las manos y apretándolas un poco murmuré algo así “Anim, no perdis l’ànim que Déu està en tu”. Al marchar le di un beso en la frente.

La cabeza me daba vueltas y pensaba porqué no podía obrarse un milagro. El lo puede todo, lo sé y lo creo ¿por qué no quiere? Ya sé que mi plegaria es pobre pero ¿qué culpa tiene Carlos de que yo no sepa más? Además, estoy seguro de que mucha gente, de gran y profunda religiosidad, también reza por él.

Parece como si las insistentes plegarias se pierdan. ¡Que quien todo lo puede no nos haga caso! ¿por qué es tan largo y penoso el camino que lleva al Padre? ¿por qué tanto dolor y lágrimas para él y para quien le rodea? ¿por qué tanta purificación?

Las respuestas sólo las podemos encontrar en la cruz. En las dudas -“Padre, si puede ser que pase de mi este cáliz...” ¿Por qué me has abandonado en el sufrimiento, en la soledad del Cristo y en la Madre que recibe el cuerpo maltratado de su Hijo?. Pero El sabía que su sufrimiento no era baldío porque nos estaba redimiendo. Carlos también está sufriendo por todos nosotros, sería un sin sentido no aprovecharlo.

Hoy nos hemos despedido de Carlos. Quiero creer que no es definitivo y que nos re-encontraremos algún día. Y una y otra vez me viene a la cabeza la letra de una canción de hace muchos años y que había oído muchas veces pero que hasta hoy no había entendido. Hoy, sí que la entiendo, decía “cuando un amigo se va algo se muere en el alma...”. Es cierto, nos has dejado un gran vacío. Te echaremos en falta y este vacío sólo lo llenará la esperanza del reencuentro y la confianza de que tanto con tú como Carmen Laveaga nos daréis fuerza y empuje para no desfallecer y tirar adelante nuestro MTA.

No sé ni cuando, ni cómo ni cuál será mi final en este mundo pero quiero creer que cuando llegue pensaré en ti, porque creo que tú, Carlos, también estarás conmigo.

Gracias amigo ¿...a reveure!

JAUME

 

Esta era la última melodía

Esta era la última melodía, el último canto que, dedicado a Carlos y con él, entonábamos desde el corazón, con dolor contenido y con lágrimas en los ojos, al decir adiós a un amigo...

Carlos, no queremos que este escrito, hacer expresivo tu recuerdo y presencia, sea una retahíla de momentos compartidos contigo, de recuerdos y de buenos momentos que a lo largo de muchos años hemos ido acumulando y han sido regalo día a día....

Experiencias de encuentro, de amistad, de diversión, de fe, de alegría y de tristeza que, con tonos y matices diferentes, han ido forjando en nuestros corazones espacios para los demás, para los otros y, unidos, para el OTRO.

Has sido pionero en crear grupo, en llevar la avanzadilla para que poco a poco, paso a paso fuera moldeándose en comunidad.

Comunidad, unidad y acogida, para los que han pasado por nuestro lado y con quienes hemos compartido y gastado tiempos, esfuerzos, risas y cantos.

Esta, tu comunidad “grande” del MTA que te ha acompañado en el camino al todo por Jesús, que sigue contando con tu ayuda porque cree que sigues abriendo puertas y dando pasos.

Todos, los de cerca y los de lejos: las comunidad Mercè Prat (tu “comunidad”), la comunidad P. Enrique, el MTA de Ganduxer, de la Zona Este, el MTA de España... te pedimos que sigas velando por nosotros.

 

Has ofrecido el dolor de tu enfermedad por todos, porque nadie se pierda y ahora, sabiendo que tu muerte ya da fruto sólo nos queda decirte

¡¡GRACIAS!

Gracias por tu vida, por tu testimonio de fe y compromiso.

Gracias por tu canto, por tu alegría, por tu ánimo y tu sonrisa.

Gracias porque curabas con la miraba, dabas aliento y esperanza y eras signo de paz,

Carlos, “donde dos o tros se reúnen en mi nombre allí estoy Yo en medio de ellos” – dice Jesús- y ahora tú también estás allí, en medio de nosotros. La vela que por ti encendimos sigue dando luz, nos sigue iluminando.

Te queremos

M.T.A.