![]()
No me entretendré en logísticas y acomodamientos, me gustaría centrarme en lo que para mí fue fundamental y la base dela vivencia. Mi destino era Cubal, la misión católica de Cubal, donde las hermanas teresianas tienen un hospital que forma un gran complejo con : centro de tuberculosis, un centro de nutrición infantil, una clínica, consultas externas, clínica móvil, un centro de formación para trabajadores, una farmacia. Las hermanas, también han fundado un barrio que acoge niños sin familia ni posibilidades, gente mayor con discapacidades y minusvalías. Bajo su tutela hay también una carpintería, y cómo no, una escuela teresiana. Todo este trabajo convive con la labor de evangelización y catequesis.
Ellas, hacen pastoral en todos los ámbitos de su vida. En el cuarto de hora para los trabajadores del hospital, acogida , apoyo a familiares y enfermos, acompañamiento alcohólicos. Celebraciones eucarísticas en el centro TB.
Este pequeño resumen de su trabajo, es sólo una pequeña puntualización, que me atrevo hacer, para que podáis tener una vaga idea de la tarea y lucha que están llevando a cabo estas mujeres. Mujeres, que han ofrecido y arriesgado su vida por hermanos, mujeres de Dios que han regalado su espacio y tiempo a los hijos de los demás, haciéndolos sentir y sintiéndolos como propios, mujeres que han aprendido a querer una tierra, un país, sin importarles el nombre y su ubicación. Mujeres que entendieron el mensaje de San Enrique de Ossó y lo hicieron razón y modo de vida.
Pues bien, con ellas, con sus virtudes y defectos, viví 49 días. Podéis imaginar el aprendizaje que obtuve con ello. Pero, además me deje confundir en el entorno, intenté integrarme con el pueblo, mezclarme entre la gente, eso fue lo que hizo que observara mucho, a veces con exceso, que preguntara el por qué de todo, que me interesara por cada vida que se cruzaba en mi paso. Y así en no mucho tiempo, pude darme cuenta y percibir, bastantes de las realidades y circunstancias por las que se ha llegado al punto que hoy se encuentra el país. También comprendí algunas de las actuaciones y actitudes de los nativos, que yo, en algún momento, desde mi ignorancia, me había atrevido a juzgar.
Con ellos/as, entendí que era vivir bajo mínimos, el valor real de la vida, el sentido concreto de priorizar, de luchar, y tantas otras cosas difíciles de expresar con palabras porqué residen en el mundo del corazón.
El pueblo de Angola, al menos una gran mayoría, porqué hay unos pocos que no, padecen hambre, enfermedades, sed por conocer, andan bajo la niebla de la corrupción, les faltan recursos económicos. Creo, que con más o menos certeza, todos somos conscientes de los problemas de este país. Un país que pasó de un estado virgen a ser esclavo de sus colonizadores, que tuvo que hacer frente al racismo en su propia casa, que padeció una guerra de guerrillas, cruda, larga y silenciada. Todos sabemos el grado de destrucción al que pueden llevar estos adjetivos. Pues, con toda esta carga es con la que ha de vivir la posguerra este pueblo, y lo más triste, es pensar que moran en una tierra llena de recursos naturales y riquezas robadas a sus legítimos dueños.
Pero, realmente con lo que me impacte, con lo que fui feliz de impregnarme, fue con sus formas para sobrevivir, de salir adelante. Me hubiera gustado poder descubrir el manantial de donde sacan las fuerzas para levantarse cada mañana, la capacidad de agradecer lo poco o mucho que tienen, su ritmo al bailar, el hacer de cualquier día una fiesta, una casa de la nada, su orgullo por lo propio, la vitalidad de las mujeres frente la desesperación, su aptitud para vivir la realidad diaria, su resignación ante la muerte.
Otras situaciones que me sorprendían y que con frecuencia me hacia sonreír, son los métodos que utilizan para transformar las cosas que les llegan y que para ellos son totalmente prescindibles, en artículos útiles para sus necesidades, la habilidad de los niños haciendo juguetes, la seducción para conseguir lo deseado, la curiosidad por descubrir otros mundos.
A la vez que estas actitudes se me hacían presentes, también me llevaban a pensar, en otras condiciones de vida que las novedades del primer mundo les pueden comportar. Cómo puede llegar hacerles daño el creer que en el norte todo son riquezas, que la vida es más fácil, el dejarse deslumbrar por la cantidad de productos que llegan. ¿ cómo explicarles que ellos no deben huir de su lugar, que su vida tienen que desarrollarla en su tierra, que su lucha debe ir dirigida a la meta por conseguir un estado digno, en el mundo que les pertenece.
Otra realidad que me removía por dentro era la cuestión de la lengua. Ellos nacen escuchando umbundu, (dialecto de la provincia de Benguela, podríamos oír hasta 15 de diferentes, en todo el país, según eran las etnias). El umbundu es la lengua de sus primeras palabras, de sus canciones de nana, cantos de misa, juegos, es decir, todo aquello que es vital y punto de referencia para ellos, sus primeros sentimientos. Después, llega el momento de ir a la escuela, la pre, (con 5 años), entonces se aparca su vida en la calle, deben calzarse, vestirse correctamente, ( cosa que les cuesta, por no estar muy habituados), y además les hablan en portugués. Hay otras situaciones que están cambiando , muy rápidamente, en Angola. Hasta ahora, eran " pobrecitos", y se les ofertaba con todo lo posible (incluidas las armas ), otros decidían por ellos, había guerra, no podían ni pensar, ni luchar, por nada más que no fuera cómo salir ilesos de los ataques, no caer en manos de las guerrillas y sobretodo, cómo no morir en el intento de vivir. Ahora se les habla de libertad. Entonces, en silencio, tanteas de qué libertad les estarán hablando. De la que imponen las normas de aquellos que no aceptan sus instintos, de la libertad de los que han enriquecido, de la libertad vista desde la autoridad del que se cree más fuerte, más inteligente, más prospero. Se dice que todo el mundo tiene derecho al estudio, entonces, sin querer, piensas, en qué parte de la frase quedaron excluidos algunos de "tus amigos", porque hay una gran mayoría que no tienen forma de encontrar las posibilidades para llevarlo a término, pero la libertad para estudiar existe, cómo conseguirlo es otro tema. Se les pide higiene, pero llegar al agua es agotador; se les habla de nutrición infantil, pero tienen grandes dificultades para adquirir los alimentos necesarios; se les informa de educación sanitaria, pero no hay suficientes medios para darles formación; se les habla... se les dice...
Se les anima a caminar de cara al futuro... y ellos no saben de proyectos, no han aprendido, aún, que existe el mañana, todavía piensan en presente y sienten en pasado. El peso de la historia es demasiado insoportable, su camino aún está lleno de buracos y mato.
En diferentes momentos mi cabeza paseaba por todas estas ideas, en diversos períodos, quizás demasiados, mi corazón sentía todo esto. Entonces, cavilaba en qué podía ofrecerles, qué podía decir para ayudar, qué comunicaría al llegar a casa. Las únicas palabras que asomaban a mi mente, para transmitir las necesidades del pueblo de Angola, eran formación, paciencia con sus pasos , tolerancia ante sus formas de hacer; y contenedores llenos de amor.
Hoy, con los ojos cerrados, aún veo las sonrisas, los paisajes, las lágrimas, los sufrimientos, las alegrías. Hoy, en mi silencio, todavía escucho los llantos, sus palabras, sus cantos. Y de todo lo vivido, sin excepción, ni de bueno ni de malo, me hace sentir escalofríos, quizás con más intensidad ahora, en pasado, reviviendo con la serenidad y añoranza que implica la distancia en tiempo y en espacio. Puede que en presente no era capaz de ser totalmente consciente de todo lo que estaba viviendo y sintiendo, quizás mi propia defensa, para no flaquear , hacia que sacara fuerzas de donde no sabía que tenía, puede que viera las escenas de la pura realidad, como en una pantalla, como en una película donde todo era ficción.
Son sentimientos ambivalentes; la tristeza de ver un pueblo destruido, pero con la vitalidad y la esperanza de un nuevo mundo; se confunden el instinto de mimar, con la certeza de que hay que hacerles comprender que son ellos quién deben levantar su país; el amor peleándose con la exigencia, la pena en discordia con la envidia hacia su aceptación; mi debilidad enfrentada con su fortaleza; las ganas de volver con los tuyos cara a cara con el anhelo de hacer tuyos a los que quedan.
Han sido días de mucha reflexión, de oración, días de aprendizaje, días de compartir. Salí de casa con la idea de vivir entre ellos, pero siempre aspiras hacer algún servicio, mi gran sorpresa ver el resultado, pues el mayor y entero beneficio fue para mí. Ahora, ya en casa, en mi ambiente, veo las vivencias desde otra perspectiva, no sabría certificar si lo he comprendido todo, no sé si he asimilado toda la información absorbida, pero ciertamente hay algo de lo que no dudo, y puedo afirmar en mayúsculas, es que en un plazo muy escaso de tiempo, he sentido muchísimo, percibía mi vibrar en cada instante, sin pretenderlo me he entusiasmado, me he enamorado de sus vidas, de sus paisajes, de ellos, de ellas, de las hermanas, de los laicos.
No sé si he sabido explicar lo que he sentido, quizás lo que he conseguido es confundiros, pero mis sentimientos han navegado sin mucho rumbo desde el 29 de diciembre hasta el 1 de marzo. Bueno, en realidad hoy aún no han llegado a tierra firme.